viernes, 6 de noviembre de 2020

Lenguas y danzas

Texto # 1:  Lenguas indígenas

Una de las manifestaciones más importantes de una cultura la constituye el lenguaje. Las culturas a lo largo del tiempo han creado su propio arte, su ciencia, su religión, y por supuesto, su lenguaje. Pero, ¿por qué interesarse en lenguas indígenas en la época del Internet, la televisión, las comunicaciones por satélite, los viajes espaciales y los alimentos transgénicos?

El mundo camina a toda marcha y cada vez estamos más lejos de ese ser humano que se interesaba por actualizar su origen en busca de los valores fundamentales de su cultura, que encontraba en su tribu el sentido de su propia existencia. Hoy, las marcas del individualismo se ven reflejadas en la soledad del hombre contemporáneo, los largos años de desinterés por el destino del planeta han dejado una huella cada vez más evidente a nuestros ojos. Qué lejos estamos de ese hombre que se consideraba como parte de la naturaleza, y en esa medida se valoraba a sí mismo y protegía el entorno que lo rodeaba, de ese hombre que entendía que la naturaleza le había dado la vida y lo mantenía con vida, que la naturaleza era su ser mismo. Para entender esta estrecha unión, que se da desde el lenguaje mismo, podríamos poner un ejemplo: En la lengua Paez es común escuchar la expresión: “Yo soy árbol”, para nosotros, seres del siglo XXI, esta expresión no pasaría de ser una metáfora, pero para el paéz esto es una realidad, una experiencia cotidiana que se vive desde el lenguaje, veamos: 1. Khat`en paez significa varias cosas a la vez: es la piel del ser humano y es la corteza del árbol. 2. Wace-wace significa a la vez raíz del árbol y pie humano (tendón). 3. Ku`ta es el brazo pero también la rama del árbol. 4. F tù es árbol, así que para distinguir la rama del árbol del brazo, se diría: F tù Ku`ta. Los indígenas integran el medio en el que viven a su lenguaje, construyen su lenguaje a partir de la naturaleza. 

 Nosotros aún conservamos parte del paisaje natural de nuestros ancestros, aún podemos pintar con verde una gran parte de nuestro mapa, mientras que en otros lugares sólo pueden pintarlo con el gris de las ciudades. Vale la pena reflexionar entonces, e intentar rescatar esa pieza del rompecabezas que somos, esa pieza que nos habla de los valores fundamentales de la relación del hombre con el mundo, con el otro, con la naturaleza, con el Creador. 

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Texto # 2: Danza de la tormenta

Danza de la Tormenta (Jalil Quechua)

Amanece la tierra
y se cubre de luces
a fin de venerar
al creador del hombre.

Y el alto cielo
barre sus nubes
para humillarse
ante el creador del mundo.

El rey de las estrellas
y padre nuestro, el Sol,
su cabellera extiende
a los pies de él.

Y el viento
junta las copas de los árboles
y sacude sus ramas
y las yergue hacia el cielo.

Y en el regazo de los árboles
los pajarillos cantan
y rinden el fervor de su homenaje
al regidor del mundo.

Todas las flores,
bellas y ufanas,
exhiben sus colores
y sus perfumes.

Y en el seno del lago,
que es universo de cristal,
es grande el alborozo
de los peces.

El río caudaloso,
con su bronco cantar,
está rindiendo su alabanza
a Viracocha.

El peñasco también
se atavía de verde,
y la floresta del barranco
ostenta flores nuevas.

Y las serpientes,
habitantes del monte,
van arrastrándose
a los pies de él.

La vicuña del páramo
y la vizcacha del peñasco
se domestican
cerca de él.
 
Así también mi corazón,
en cada amanecer,
te rinde su alabanza,
Padre mío y Creador.

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Texto # 3: POPOL VUH, Primer capítulo

Esta es la primera relación, el primer discurso. No había todavía un hombre, ni un animal, pájaros, peces, cangrejos, árboles, piedras, cuevas, barrancas, hierbas ni bosques: sólo el cielo existía.

No se manifestaba la faz de la tierra. Sólo estaban el mar en calma y el cielo en toda su extensión. No había nada que estuviera en pie; sólo el agua en reposo, el mar apacible, solo y tranquilo. No había nada dotado de existencia.

Solamente había inmovilidad y silencio en la oscuridad, en la noche. Sólo el Creador, el Formador, Tepeu, Gucumatz, los Progenitores, estaban en el agua rodeados de claridad. Estaban ocultos bajo plumas verdes y azules, por eso se les llama Gucumatz. De grandes sabios, de grandes pensadores es su naturaleza. De esta manera existía el cielo y también el Corazón del Cielo, que éste es el nombre de Dios. Así contaban.

Llegó aquí entonces la palabra, vinieron juntos Tepeu y Gucumatz, en la oscuridad, en la noche, y hablaron entre sí Tepeu y Gucumatz. Hablaron, pues, consultando entre sí y meditando; se pusieron de acuerdo, juntaron sus palabras y su pensamiento. Entonces se manifestó con claridad, mientras meditaban, que cuando amaneciera debía aparecer el hombre.

Entonces dispusieron la creación y crecimiento de los árboles y los bejucos y el nacimiento de la vida y la creación del hombre. Se dispuso así en las tinieblas y en la noche por el Corazón del Cielo, que se llama Huracán. El primero se llama Caculhá-Huracán. El segundo es Chipi-Caculhá. El tercero es Raxá-Caculhá. Y estos tres son el Corazón del Cielo. Entonces vinieron juntos Tepeu y Gucumatz; entonces conferenciaron sobre la vida y la claridad, cómo se hará para que aclare y amanezca, quién será el que produzca el alimento y el sustento.

- Hágase así. Que se llene el vacío. Que esta agua se retire y desocupe [el espacio], que surja la tierra y que se afirme. Así dijeron. Que aclare, que amanezca en el cielo y en la tierra. No habrá gloria ni grandeza en nuestra creación y formación hasta que exista la criatura humana, el hombre formado. Así dijeron.

Luego la tierra fue creada por ellos. Así fue en verdad como se hizo la creación de la tierra: -Tierra - dijeron, y al instante fue hecha. Como la neblina, como la nube y como una polvareda fue la creación, cuando surgieron del agua las montañas; y al instante crecieron las montañas.

Solamente por un prodigio, sólo por arte mágica se realizó la formación de las montañas y los valles; y al instante brotaron juntos los cipresales y pinares en la superficie.

Y así se llenó de alegría Gucumatz, diciendo :

-- Buena ha sido tu venida, Corazón del Cielo; tú, Huracán, y tú, Chipi-Caculhá, Raxá-Caculhá.

- Nuestra obra, nuestra creación será terminada - contestaron.

Primero se formaron la tierra, las montañas y los valles; se dividieron las corrientes de agua, los arroyos se fueron corriendo libremente entre los cerros, y las aguas quedaron separadas cuando aparecieron las altas montañas.

Así fue la creación de la tierra, cuando fue formada por el Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra, que así son llamados los que primero la fecundaron, cuando el cielo estaba en suspenso y la tierra se hallaba sumergida dentro del agua.

De esta manera se perfeccionó la obra, cuando la ejecutaron después de pensar y meditar sobre su feliz terminación. 


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jueves, 5 de noviembre de 2020

Mitos y héroes

 Texto # 1. Quino (QEPD)

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Texto # 2  La historia de Faetón
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Texto # 3: MITOS, VIAJES, HÉROES

Cinco civilizaciones antiguas, Babilonia, Egipto, Israel, Grecia y Roma, tuvieron un estrecho contacto que originó lo que hoy conocemos como mundo occidental. Entre ellas, la cultura griega fue la más influyente y decisiva en la formación de nuestra cultura y, desde el punto de vista histórico y social, contribuyó en gran medida al desarrollo de las formas de pensamiento y de la concepción del mundo actual; también aportó temas, formas, estilos e incluso géneros literarios, como la épica, la lírica, la tragedia y la comedia.

Con respecto a los poemas épicos, los más conocidos e importantes de la literatura griega son la Ilíada y la Odisea, compuestos y transmitidos oralmente por poetas itinerantes, llamados aedos y rapsodas, y cantados en celebraciones de carácter civil y religioso; los temas se refieren a las leyendas de la guerra de Troya, como en la Ilíada, y al relato del viaje de regreso de algunos héroes a su patria, y de las dificultades y peripecias para lograrlo, como en el caso de Ulises en la Odisea. Es quizás este último el héroe épico que ha logrado trascender los límites de la mitología y épica griegas para convertirse en un símbolo universal, ya que logra adaptarse a una sociedad más abierta y evolucionada. En este poema vemos al héroe, en su viaje de regreso, enfrentando y superando, gracias a las artimañas de su inteligencia, grandes obstáculos y peligros, representados por seres míticos como los cíclopes, los lestrigones, los lotófagos, las sirenas, las rocas errantes, etc. Sin embargo, dentro del largo viaje que emprende el héroe Odiseo para volver a su patria, Ítaca, debe vivir contra su voluntad una espeluznante aventura: ir camino del Mundo de los Muertos con el encargo de consultar allí, en el Hades (la Mansión de los Muertos), al adivino Tiresias. Odiseo, descorazonado, emprende la ruta hacia el Hades a preguntar al adivino cómo regresar a su casa, a Ítaca.

Este tema del descenso al Hades es común en la literatura épica, pues ya otros héroes griegos habían bajado al reino de las sombras. Es el caso de Orfeo, quien bajó a liberar a Eurídice; el de Heracles, quien fue a cumplir una prueba de fuerza: traerse al enorme perro guardián de tres cabezas, el Cancerbero monstruoso, y el de Teseo, quien entró para raptar a la reina de los muertos, Perséfone.

También Virgilio, poeta romano, dirigirá a Eneas al Hades con un afán profético nacional. Por otro lado, en la literatura anglosajona de la Edad Media nos encontramos con Beowulf, un héroe que si bien no desciende al inframundo, entiende la vida como una preparación para su muerte, el afán de ser recordado como un hombre que luchó, con toda su humanidad y hasta el último aliento de vida, por merecer ser recordado, en esa medida venció a la muerte, erigiéndose como un modelo para su pueblo. Ese afán de no ser olvidado, es el mismo que encontramos en las almas que le suplican a Dante, en el infierno de la Divina Comedia, que lleve noticias suyas al mundo de los vivos. Aunque para Dante, tanto personaje como autor, esa travesía representa un viaje necesario de reconocimiento de las profundidades humanas antes de poder alcanzar el paraíso.

Este viaje a la Mansión de los Muertos también fascinó a héroes de otras culturas como la oriental mesopotámica: aquí, el héroe Gilgamés va al mundo de ultratumba a sacar, del fondo de las aguas de la muerte, la planta de la vida eterna, la cual pierde irremediable y trágicamente.

En el viaje que realiza Odiseo, a diferencia del viaje de Gilgamés, el héroe poco espera después de la muerte, las almas vagan como tristes fantasmas nostálgicos de la vida que perdieron; en cambio, en la saga mesopotámica el héroe siente una fascinante atracción por ese universo espectral y por los invaluables secretos que ese Otro Mundo encierra.

En el viaje de Odiseo se encarna el talante del griego de la época arcaica, que, además de cruzar y surcar el Mediterráneo para fundar colonias en sus costas, viaja lejos a comerciar y a conocer nuevas gentes y tierras. El viaje al Hades es un motivo más en la serie de aventuras marinas de Odiseo y, en cierto modo, sirve para marcar el último límite de sus errancias y aventuras. El mundo de los muertos es lo más lejos que puede peregrinar cualquier héroe, demostrando con esto, en definitiva, la estatura mítica del héroe, a quien se le atribuye el más esforzado arrojo, valentía y empeño.

 

Carlos García Gual, Mitos, viajes, héroes (Madrid, Taurus, 1985)

 


Entre paganos y cristianos

 

Texto # 1: MITOLOGÍA PLANETARIA

No hay que confundir astrología con astronomía, aunque ambas compartan la misma raíz griega astrom, que significa “estrella”. La astronomía es el estudio científico de los cuerpos celestes, como estrellas, planetas, lunas, cometas y meteoros, mientras que la astrología es una actividad más imaginativa que trata de explicar e interpretar la influencia de los cuerpos celestes sobre la vida terrestre.

Ambas disciplinas surgieron en la Antigua Mesopotamia (el actual Irak) hace más de siete mil años, cuando los observadores del cielo empezaron a llevar registros exactos de los movimientos del Sol, la Luna y las estrellas1 . Una de las primeras observaciones que realizaron fue que, aunque la mayoría de las estrellas permanecían en la misma posición con relación a las demás, había unas cuantas que no. Junto con el Sol y la Luna, las así llamadas “estrellas errantes”, que para los antiguos eran el hogar de los dioses, se desplazaban a lo largo de una banda estrecha de cielo conocida como Zodíaco. Como vemos, esa divinización de los cuerpos celestes y muchas historias míticas de la religión sumeria, también tienen sus paralelos en la mitología griega.

 Hoy sabemos que esos astros errantes no son estrellas, sino planetas (planeta significa “errante” en griego). Con el paso del tiempo, los mesopotámicos asignaron significados y deidades residentes a los planetas, según su apariencia. Por ejemplo Marte, que posee un resplandor rojizo muy visible, fue considerado un planeta feroz y sanguinario, y pasó a identificarse con el dios de la guerra2 ; Venus, que supera a todos los demás astros en brillo, pero puede asimismo desaparecer de ciertas zonas durante seis semanas seguidas, fue considerado el Planeta portador del amor, tanto del amor fiel como del amor voluble, y Saturno, que parece recorrer el firmamento más lentamente que los otros planetas visibles, porque es el más distante de todos, se asoció con el mal, la vejez, el abatimiento y la muerte. En aquella época, sólo se conocían los cinco planetas que son visibles a simple vista (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno), y se creía que los cinco, junto con el Sol y la Luna, daban vueltas alrededor de la Tierra, que era el centro del universo.

Además de observar los movimientos del cosmos, los astrónomos mesopotámicos trataron de hallar una relación entre lo que veían y los acontecimientos que sucedían en la Tierra, como terremotos, inundaciones y otros desastres naturales. Su razonamiento era muy simple: creían que todo el universo estaba conectado y que los hechos que tenían lugar en el cielo tenían que reflejar hechos ocurridos en la Tierra, o incluso presagiarlos. Por ejemplo, la aparición de un cometa, que es el acontecimiento celeste más impredecible de todos, podía augurar un hecho importantísimo, como la muerte de un rey. Otros hechos más habituales (como lunas llenas, eclipses, aparición de un halo alrededor de la Luna, o la convergencia de dos o más planetas) eran menos inquietantes, pero también se consideraban presagios de hambrunas, tormentas, epidemias o cualquier otro desastre.

La situación cambió en el siglo V a.C., cuando se fijó el concepto del zodíaco como grupo de doce constelaciones. A partir de entonces, no sólo se creía que la posición de las estrellas y los planetas presagiaban acontecimientos, sino también que las estrellas ejercían influencia sobre la naturaleza física de todas las cosas y todos los individuos de la Tierra. Se decía que cada signo del zodíaco influía en una parte diferente del cuerpo humano, y cada flor, planta y hierba medicinal estaba regida por un planeta diferente.

Tomado de: Zola Kronze, Allan. El diccionario del mago Ediciones B, Grupo Zeta.

1 Los observadores babilonios del cielo fueron los primeros en registrar exactamente todos los acontecimientos celestes que veían. Dibujaron los primeros mapas astrales alrededor del año 1800 a.C.

2 Nergal para los babilonios, Ares para los griegos y Marte para los romanos.

 

Texto # 2:

Entre paganos y cristianos

 Para muchos el término “pagano” es una expresión peyorativa, generalmente asociada con el desenfreno y la lujuria, con un clima festivo y con la tendencia a los excesos y a la indisciplina. Lo cierto es que en su origen la palabra pagano proviene del latín “pagus”, aldea o comarca, por lo que pagano sería “habitante de la aldea o pagus”, lo que denota una forma de existencia originalmente rural con un pensamiento y unas creencias vinculadas a las fuerzas naturales.

 Desde la edad de piedra, el ser humano, perplejo ante una naturaleza que le sobrepasa en poder y fuerza, buscó la manera de entender sus razones, sus ciclos, sus misterios.  El pagano de la comarca agradece y festeja la llegada de la primavera, comprende que detrás de las misteriosas formas del agua se esconde el secreto de la supervivencia de las especies y levanta sus brazos para venerarla, empieza a rendir culto a aquello que, si bien es un recurso a su servicio, merece el reconocimiento de entidad con valor propio dentro de un complejo sistema de vida.  

 Los Vanir nórdicos, dioses de la fertilidad y la pesca, el Yggdrasill, el árbol de la vida, custodiado por el dios Heimdall, encargado de protegerlo de los ataques del dragón, y las nornas que viven en las raíces del gran fresno y que le riegan con las aguas del pozo para que no se pudra, mientras tejen silenciosamente el destino humano, son apenas algunos ejemplos del respeto que merecía la naturaleza para aquellos primeros pueblos.

 Con la aparición de la escritura en la edad de bronce empiezan a registrarse las primeras costumbres religiosas. En la edad de hierro, los celtas (tribus que habitaban el este del Rhin) someten a otros pueblos, logrando cierta unificación de cultos y dando origen a las civilizaciones nórdicas; además de las divinidades de gran envergadura, aparecen también deidades y personajes estrechamente vinculados al entorno: elfos, gnomos, duendes, hadas, ninfas y Banshees.

 En el siglo I, los romanos intentan introducir a sus propios dioses por el resto de Europa, sin embargo, no riñen con las creencias locales de las diferentes regiones y éstas logran pervivir en el imaginario colectivo. Más tarde, alrededor del siglo II d.C., con la decadencia del Imperio romano, empieza a cobrar fuerza el cristianismo, hasta que Constantino la convierte en la religión oficial del imperio.

 Finalmente, diversas tribus germanas (habitantes del oeste del Rihn) derrocan al gran imperio romano. Los líderes cristianos logran la conversión de muchos germanos, solo los más alejados del imperio conservan sus antiguas creencias; Europa en una gran extensión es ya “oficialmente” cristiana. Sin embargo, los decretos no siempre logran cambios inmediatos y radicales, el largo proceso supuso una sobreposición y amalgama de creencias. En muchos casos, incluso los habitantes “paganos” se aferraron con fuerza a sus creencias ancestrales, lo cual hizo el proceso de evangelización más complejo, hasta el punto de encontrarnos con leyendas como la del San Patricio, misionero que en su afán de que aquellos lograran comprender el mensaje del evangelio, utilizó las mismas creencias de los locales, sin despreciarlas ni condenarlas, simplemente logrando cierta fusión, como intentar explicar la Trinidad a partir de un trébol (siempre sostenido por un enano), o como convertir en oraciones cristianas los encantamientos paganos para la consagración de las semillas y la obtención de buenas cosechas, así como la invocación de Santa Brígida, quien en realidad era Bridget, diosa celta de los fuegos sagrados y manantiales, o como el rescate del árbol sagrado de los paganos que daría origen al árbol de navidad.

 Ojalá Occidente no olvidara custodiar las raíces de ese árbol sagrado y dejara de depredar el planeta con la altanería de quien se considera una especie superior; ojalá dejara salir de las catacumbas modernas el legado originario de ese mensaje de humildad -que sí es verdad que no debe imponerse con espadas-,  es un mensaje que no tiene otro fin que la salvación de todo lo creado. El siglo XXI se ve a sí mismo el pico de la civilización: tecnología, confort, rapidez, consumo, nos han hecho considerar el pasado como una ingenua y primitiva forma de vida. Es el momento para redefinir palabras importantes, no sea que pensando que somos cabeza de león, no seamos más que la cola del ratón. Podríamos comenzar por preguntarnos el verdadero significado de civilización.

http://arteyestilos.blogspot.com/2008/12/J.G.V

 

El asno

  EL ASNO  Un día, un buen hombre de esos que son el hazmerreír de los demás, marchaba al mercado llevando tras de sí un asno atado medi...